LA PASIÓN DE SER REVOLUCIONARIO Y CHAVISTA
viernes, 25 de septiembre de 2026
El Dilema de Caifás: La inevitable tragedia del pragmatismo político
lunes, 31 de agosto de 2026
El contrato petrolero, nada que festejar
«La soberanía del pueblo es la única autoridad legítima de las naciones.»Simón Bolívar
«La soberanía es el ejercicio pleno y absoluto del poder del pueblo para ser dueño de su propio destino.»
Hugo Chávez
Qué difícil resulta, en lo personal, celebrar la firma del contrato entre el Gobierno venezolano y el estadounidense, especialmente cuando representa una nueva afrenta a nuestra soberanía y dignidad.
Hay que decirlo con claridad: dentro de la política pragmática de supervivencia a la que hemos sido arrojados, se entiende cualquier gestión que nos permita organizarnos, ganar tiempo y alejar la amenaza militar. Sin embargo, de allí a mostrar entusiasmo o estar radiante alegría, hay un absurdo inconcebible.
Si con Chávez aprendimos que la soberanía es el ejercicio pleno y absoluto del poder popular para decidir nuestro destino, cabe preguntarse: ¿se firmó este acuerdo bajo ese ejercicio soberano o bajo la coerción impuesta a partir los hechos del 3 de enero? Si es esto último, no hay nada que festejar, aun cuando comprendamos las difíciles decisiones que, bajo franca amenaza, deba asumir la presidenta encargada.
Es un contrato injusto e írrito, originado en el chantaje militar. Para colmo, los recursos generados no ingresarán directamente al erario público nacional, sino a una cuenta administrada a discreción del propio Gobierno norteamericano.
Nuestra narrativa debe ser categórica para que el pueblo comprenda la realidad: somos víctimas del chantaje de una potencia extranjera que pretende imponer su voluntad. Ningún acuerdo comercial alcanzado en estas condiciones puede disfrazarse de victoria o motivo de orgullo, pues lleva impregnado el desprecio del agresor, evidente en la cobertura de las grandes corporaciones mediáticas.
Hoy, más que nunca, debemos llamar al imperio por su nombre y señalar a los responsables directos de nuestra precariedad. Frente a la agresión, suavizar el lenguaje no es diplomacia: es aceptar la sumisión colonial.
jueves, 6 de agosto de 2026
La nueva etapa de la revolución
viernes, 12 de junio de 2026
Seis meses
jueves, 19 de marzo de 2026
PROHIBIDO ABANDONAR A CUBA
El 3 de enero de 2026 quedará grabado en la historia como el día en que 32 combatientes cubanos dieron su vida defendiendo al presidente Nicolás Maduro en territorio venezolano. El Gobierno de Cuba confirmó oficialmente estas muertes y repatrió los restos con honores. Apenas semanas después, Venezuela decidió cesar el envío de petróleo a Cuba, el cual representaba aproximadamente el 30% de las necesidades energéticas de la isla. La pregunta quema en el alma de millones: ¿fueron en vano esas 32 vidas?
Cuba, a pesar del bloqueo económico ilegal impuesto por Estados Unidos durante más de seis décadas, nunca abandonó a Venezuela. Desde el inicio de la Revolución Bolivariana, la isla envió miles de médicos, educadores y técnicos para trabajar en las comunidades más vulnerables del país. Nunca hubo condición. Nunca hubo precio. Nunca hubo abandono. Cuando Venezuela enfrentó sus momentos más oscuros —golpes de estado, sabotajes económicos, amenazas militares— Cuba estuvo allí. Sin dudar. Sin calcular.
Este abandono contradice frontalmente los principios bolivarianos y chavistas que predican la solidaridad inquebrantable. Simón Bolívar soñó con una Patria Grande unida; Hugo Chávez y Fidel Castro se juraron lealtad eterna. Los principios del pensamiento bolivariano incluyen equidad, inclusión, participación y, sobre todo, solidaridad. ¿Dónde queda esa solidaridad cuando el hermano está en la hora más oscura? Si Cuba cae, Venezuela pierde su principal aliado regional y envía un mensaje devastador a Nicaragua, Bolivia y todos los gobiernos progresistas de América Latina.
La verdadera prueba de los principios no es en la abundancia, sino en la adversidad. Pensar que las potencias extranjeras permitirán mayor tranquilidad por este gesto es no comprender cómo funciona el sistema internacional: las concesiones se interpretan como debilidad, no como paz. Cuba ya registra apagones totales y niveles récord de escasez energética. Millones de civiles cubanos no tienen responsabilidad en las decisiones gubernamentales venezolanas, pero pagarán el precio.
Cuba no abandonó a Venezuela cuando el imperio presionaba, cuando el petróleo era escaso, cuando 32 de sus hijos cayeron defendiendo la revolución. Venezuela no tiene derecho moral de abandonar a Cuba ahora. La historia nos juzgará: ¿seremos recordados como los que traicionaron la solidaridad o como los que permanecieron leales? No abandonar a Cuba no es una opción. Es un deber histórico. La verdadera independencia de América Latina se construye con lealtad, no con traición. Con solidaridad, no con cálculo. Con memoria, no con olvido.