"....No faltarán los que traten de aprovechar coyunturas difíciles para mantener ese empeño de la restauración del capitalismo, del neoliberalismo, para acabar con la Patria. No, no podrán..."
Hugo Chávez
Hoy somos testigos del fin de una época, el fin de los grandes sueños y esperanzas de toda una generación que luchó por ver la utopía, por abrazarla, por vivirla; y como todo en esta vida, la utopía culminó, por ahora. El discurso oficial que la Presidenta Encargada leyó es el acta es el fin de un periodo glorioso de un pueblo que soñó, que acarició las puertas del cielo...
"...Vengo a esta asamblea como una hija más de Venezuela a presentar las aspiraciones de un país que busca construir su propio destino luego de conflictos políticos que cerraron sus espacios para que las distintas corrientes encontraran un lugar para dirimir sus diferencias y en medio de un duro bloqueo económico que dio al traste con el desarrollo de inclusión e igualdad..."
Delcy Rodríguez
Y con Hugo Chávez se abrieron las puertas de las grandes alamedas...
Desde el inicio del proyecto de la Revolución Bolivariana, la inclusión de los excluidos y marginados exigía una inevitable confrontación. Confrontación por ser visibilizados, confrontación por ser partícipes de los beneficios de las riquezas de la patria que solo unos pocos disfrutaban: los amos del Valle. Eso era a lo interno. A lo externo, era la contradicción al "Fin de la Historia" de Fukuyama, era el mal ejemplo para la región: una revolución socialista en el país con las mayores reservas de petróleo, era decir, ya no somos el patio trasero de nadie.
"...Durante mucho tiempo fuimos un país dividido entre trincheras, donde el color de una bandera partidista pesaba más que el apellido común que compartimos todos los venezolanos..."
Delcy Rodríguez
Antes no nos dividían colores de bandera; teníamos el mismo apellido: "venezolanos". Pero lo que realmente nos partía en dos eran las clases sociales. Antes ni siquiera existíamos; como estrato social éramos los marginados, el lumpen, los que vivíamos y moríamos en los cerros de los barrios, condenados a cien años de soledad.
Fue Hugo Chávez quien nos dio la bandera de la dignidad y comenzó a visibilizarnos. Y sí, junto al pueblo humilde nos atrincheramos en torno a un proyecto emancipador que sabíamos que sería difícil. Por ello, la derecha radical nunca perdonó al Comandante y le dio un golpe de Estado derogando la Constitución de 1999. Pero fue el pueblo de a pie, ese mismo que hoy se pretende invisibilizar con discursos de "renacer", quien lo rescató y lo devolvió a la presidencia.
"...Esta etapa debe cerrarse, para iniciar un nuevo tiempo político basado en la verdad, la justicia y la capacidad de mirar hacia adelante juntos, y encontrar en el diálogo político respetuoso un espacio genuino para dirimir las diferencias que como venezolanos tenemos..."
Delcy Rodríguez
Esto es el fin de un proyecto liberador como ninguno ha vivido la historia patria.
¿Cómo escuchar y leer esta parte del discurso sin rememorar todas las veces que la Revolución llamó a la oposición al camino democrático, a trabajar por Venezuela, a construir un país de inclusión donde todos cupiéramos, aun dentro de nuestras diferencias?
Sin embargo, su respuesta siempre fue el poder a costa de todo. Esa es la verdad.
Justicia hubiera sido que quienes llamaron al bloqueo, a las sanciones, a las guarimbas, a quemar personas y a descargar su odio porque no lograban a través del voto el poder político, pagaran cárcel. Sin embargo, pasó lo que nuestro Padre Libertador ya nos había advertido en el Manifiesto de Cartagena: "A cada conspiración sucedía un perdón, y a cada perdón sucedía otra conspiración que se volvía a perdonar".
El diálogo fue premisa fundamental tanto del Gobierno del presidente Chávez como del presidente Nicolás Maduro. Y fue la oposición política la que siempre pateó la mesa. Hoy, desde esta tribuna, se pretende culpar al proyecto bolivariano de falta de voluntad para el diálogo, cuando fue este el que siempre buscó canales de entendimiento.
"...Me complace anunciar que Venezuela ha iniciado un proceso de transformación democrática para su renacer. Un proceso ordenado, institucional y verificable, para construir un país más libre para todos, más próspero y más reconciliado consigo mismo..."
"...Un proceso de cambio político, económico y espiritual de reformas estructurales para el renacer de Venezuela. Para el renacer de nuestra nación. Para el renacer de nuestro pueblo..."
Delcy Rodríguez
Y... si ahora estamos iniciando un proceso de "transformación democrática" para nuestro renacer, entonces debemos aceptar una conclusión demoledora: estos 27 años fueron todo menos una democracia participativa y protagónica. Todas las consultas populares, todos los referéndums, todas las elecciones presidenciales, parlamentarias, regionales y municipales fueron una farsa. La Constitución del 99, esa que el pueblo juró defender, no era una democracia "verdadera". Ahora, al parecer, toca "renacer" como democracia de verdad.
Pero hay preguntas que este discurso no se atreve a responder. ¿Quién "verificará" este nuevo proceso? ¿Acaso entregaremos nuestra soberanía electoral a organismos internacionales que nunca verificaron el asedio, el bloqueo criminal ni la guerra híbrida que nos impidió desarrollar nuestra democracia? Se nos dice que teníamos instituciones fallidas, pero nunca se mencionan los enormes esfuerzos de resistencia que hicimos como pueblo para soportar el cerco. Solo se nos dice que perdimos, y se nos pide, como pueblo rebelde, que aceptemos tranquilos el fin de la Quinta República, el fin de nuestra revolución.
Y lo más ofensivo: se nos pide "reconciliarnos con nosotros mismos", como si el pueblo estuviera enfermo de su propia voluntad, como si la división fuera culpa nuestra y no producto de una agresión externa sin precedentes. Se nos pide que no hagamos "lo del Caracazo", sin recordar que el Caracazo fue reprimido por la misma élite que hoy regresa con estas "reformas estructurales". Es una amenaza disfrazada de consejo.
Y, sin embargo, nos queda la memoria. Nos queda la estrofa de nuestro himno nacional, que este discurso pretende silenciar: "Y si el despotismo levanta la voz, seguid el ejemplo que Caracas dio".
Porque Caracas no dio ejemplo de rendición. Caracas dio ejemplo de dignidad.
Y esa dignidad no se negocia, no se reconcilia, no se rinde.
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